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La Conferencia Mundial sobre Evangelización y Misión, celebrada del 9 al 16 de mayo en Atenas (Grecia), produjo un documento final que compartimos con nuestros lectores y lectoras. La carta, inspoirada en el lema del encuentro "Ven, Espíritu Santo, sana y reconcilia", refleja lo difícil que fue para delegados y delegadas de las diferentes tradiciones cristianas llegar a un acuerdo que ayude a una misión en unidad. Sigue el texto completo.
CARTA DE ATENAS A LAS IGLESIAS, REDES Y COMUNIDADES CRISTIANAS Ven Espíritu Santo, sana y reconcilia: Llamados en Cristo a ser comunidades de reconciliación y sanación Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Saludos desde Atenas, Grecia. Les escribimos durante el tiempo santo entre Pascua y Pentecostés, cuando Cristo resucitado preparó a sus seguidores para el don del Espíritu Santo y los llamó a llevar la buena nueva a "los confines de la tierra" (Hechos 1:8), prometiendo estar con ellos hasta "el fin de los tiempos"(Mt 28;20). Aquí, en las costas del Mar Egeo, nos hemos reunido 600 de nosotros procedentes de 105 países, acogidos por la Iglesia de Grecia y otras iglesias en Grecia y convocados por el Consejo Mundial de Iglesias, para la 13ª Conferencia Mundial sobre Misión y Evangelización, reunida del 9 al 16 de mayo de 2005. Cuando el sol se elevaba sobre la Conferencia, un barquito de vela aparecía con el alba, portador de una gran cruz de madera de olivo: un regalo de las iglesias de Jerusalén, señal tanto de sufrimiento como de esperanza, construida con fragmentos de árboles arrancados durante la construcción del muro que separa a palestinos de palestinos, y a éstos de los israelíes. Esperamos que esta cruz sea un signo de reconciliación. Por primera vez, esta conferencia CMME ha tenido lugar en un contexto predominantemente ortodoxo. Los jóvenes, aun siendo mucho menos numerosos que lo que se había previsto, han desempeñado un papel importante. Por primera vez la reunión ha incluido un número importante de delegados plenamente participantes de la Iglesia Católica Romana y de algunas iglesias y redes pentecostales y evangélicas. "Nosotros", por consiguiente, somos un grupo diverso, hemos venido de todos los rincones del mundo y de muchos contextos étnicos y culturales, hablamos muchas lenguas, y representamos a las grandes tradiciones cristianas. Nuestro tema es una oración: "Ven Espíritu Santo, sana y reconcilia". Esta carta es un intento de compartir con ustedes algunas de las percepciones y de los retos de la semana, así como las experiencias de alegría y pesar que nos ha traído. En estos días hemos caminado juntos, aunque no siempre hemos estado de acuerdo. Estamos en misión, todos nosotros, porque participamos en la misión de Dios que nos ha enviado a un mundo fragmentado y roto. Estamos unidos en la creencia de que todos "somos llamados en Cristo a ser comunidades de reconciliación y sanación". Hemos orado juntos. Las lecturas de las Escrituras nos han ayudado en particular cuando nos hemos esforzado juntos por discernir a dónde nos lleva el Espíritu reconciliador y sanador, en nuestros propios contextos, dos mil años después de que San Pablo llegara a estas costas aportando la buena nueva del Evangelio de Jesucristo. Queremos compartir este viaje con ustedes, e invitarlos a que lo consideren también suyo. Nos encontramos ahora en un momento particular de la historia de la misión. Aunque sus centros de poder están todavía sobre todo en el Norte mundial, es en el Sur y el Oriente donde las iglesias crecen más rápidamente, como resultado de la fidelidad de la misión y del testimonio cristianos. El carácter misional de la Iglesia se experimenta con mayor diversidad que nunca, a medida que las comunidades cristianas siguen buscando respuestas distintivas al Evangelio. Esta diversidad es un reto, y a veces puede hacernos sentir incómodos. Sin embargo, dentro de ella hemos descubierto oportunidades para profundizar en la comprensión de la obra creativa, vivificante, sanadora y reconciliadora del Espíritu Santo. Porque la fuerza del Espíritu Santo nos alcanza de varias maneras: en gentileza y verdad, tranquilidad y creatividad, culto y acción, sabiduría e inocencia, comunión y santificación, liberación y santa contemplación. Pero hay también espíritus malignos, activos en el mundo y tristemente también en muchas de nuestras historias y comunidades. Son los espíritus de violencia, opresión, exclusión, división, corrupción, egoísmo, ignorancia, incapacidad para vivir según nuestras creencias y silencio cobarde frente a la injusticia. Al discernir la obra del Espíritu Santo, hemos experimentado la necesidad de volver constantemente a las raíces de nuestra fe, confesando al Dios uno y trino que se nos ha revelado en Jesucristo, la Palabra hecha carne. En Atenas hemos sido muy conscientes de los nuevos desafíos planteados por la necesidad de reconciliación entre Oriente y Occidente, Norte y Sur, y entre cristianos y pueblos de otras religiones. Nos hemos dado cuenta con pesar de los errores del pasado y oramos para que podamos aprender de ellos. Hemos adquirido conciencia de nuestra propia tendencia a reforzar barreras de exclusión y marginación por motivos raza, casta, sexo, discapacidad, o tolerando la continuación de prácticas opresivas dentro de nuestras propias sociedades y nuestras propias iglesias. A mitad del recorrido en el Decenio para Superar la Violencia, observamos que la invitación a la noviolencia y a la reconciliación está en el corazón del mensaje evangélico. En cuanto reunión mundial, nos sentimos interpelados por la violencia infligida por las fuerzas de la globalización económica, el militarismo, y la angustia de las personas marginadas, en especial las comunidades indígenas y los pueblos desarraigados por la migración. San Pablo habla de la nueva creación anunciada por Cristo y posibilitada por el Espíritu Santo. "Dios estaba en Cristo", dice, "reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios." (2 Cor 5:19-20) Es esta "nueva creación" la que sostenemos que es la finalidad de nuestro empeño misionero. Con Pablo, creemos que reconciliación y sanación son centrales en el proceso a través del cual ha de alcanzarse esa finalidad. La reconciliación, como restauración de relaciones justas con Dios, es la fuente de la reconciliación con uno mismo, con otras personas y con toda la creación. Pero la senda de la reconciliación y la sanación no es fácil. Requiere escucha, sinceridad, arrepentimiento, perdón y auténtica adhesión a Cristo y su justicia. Por esta razón, hemos explorado varias formas en las que se nos ofrece la fuerza sanadora de Dios. Entre ellas están la sanación que tiene lugar por medio de la oración, las prácticas ascéticas y los carismas de sanación, mediante sacramentos y servicios de sanación, mediante una combinación de procedimientos médicos y espirituales, enfoques sociales y sistémicos, y mediante la percepción de la presencia sustentadora del Espíritu Santo, aun cuando aceptamos y continuamos la lucha contra las enfermedades y otras experiencias traumáticas. Hemos celebrado servicios de sanación, y nos hemos sentido conmovidos por los relatos de profesionales cristianos en materia de salud y consejos prácticos y por su lucha por llegar a planteamientos más holísticos. Asimismo, nos han inspirado las historias de las personas afectadas por el VIH y SIDA y nos hemos sentido interpelados para oponernos al estigma y la discriminación y promover la plenitud de vida de los afectados por el VIH y el SIDA. Hemos escuchado testimonios de las personas curadas por el poder del Espíritu Santo, así como de aquellos que no han sido curados o que han tropezado con prácticas de sanación corruptas o explotadoras. También hemos escuchado historias de sanación en medio de luchas por la justicia social, económica y ecológica. Toda verdadera sanación viene de Dios. Incluye, entre otras, la sanación física, mental, emocional y espiritual, y comparte la tensión de la llegada del reino de Dios que "ya está aquí," pero "todavía no". Celebramos por lo tanto la auténtica sanación como signo vivo de la nueva creación de Dios. Viviendo en el Espíritu Santo, esperando el reino de Dios, llamados a ser hijos de la nueva Creación de Dios, tenemos también que reconocer el presente agitado y confuso. Es doloroso para nosotros reconocer que la misión de Dios está distorsionada por las divisiones y la falta de entendimiento que persiste entre las iglesias. En nuestro anhelo por participar de manera más plena y auténtica en la vida de Dios en Cristo, seguimos llevando el dolor de nuestra incapacidad para superar las barreras que nos impiden celebrar juntos el más sanador y reconciliador de los sacramentos, la Eucaristía, la Cena del Señor. El tema de la conferencia, por consiguiente, ha sido una exhortación a una aceptación humilde de nuestra propia necesidad de sanación y reconciliación. Pero Dios nos llama a ser una comunidad de esperanza. "Llamados en Cristo a ser comunidades de sanación y reconciliación", hemos continuado aquí en Atenas la labor de definir qué clase de comunidad desea Dios que seamos, una comunidad que dé testimonio del Evangelio en hechos y en palabras; que esté viva en culto y enseñanza; que proclame el Evangelio de Jesucristo para todos; que ofrezca a los jóvenes funciones de liderazgo; que abra sus puertas a los extraños y acoja a los marginados dentro de su seno; que se comprometa con los que sufren, y con los que luchan por la justicia y la paz; que esté al servicio de todos los necesitados; que reconozca su propia vulnerabilidad y su necesidad de sanación; y que sea fiel a su compromiso con la Creación en general. Oramos por que el Espíritu Santo infunda fuerza sanadora en nuestras vidas, y por que podamos avanzar juntos hacia la bendita paz de una nueva creación. En conclusión, deseamos expresar nuestro profundo agradecimiento a todos aquellos que han hecho posible esta conferencia. Desde el país en el que San Pablo proclamó el Evangelio del amor reconciliador de Dios en Jesucristo, oramos por que la gracia de nuestro Señor Jesucristo y el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos. Atenas, 18 de mayo de 2005 (Firmado por Ruth Bottoms, George Mathew Nalunnakkal y Jacques Matthey, miembros de la mesa de la CMME)
Ver más sobre la conferencia en www.mission2005.org Delegado de las IRA fue el Ing. Horacio R. Olthoff  |